El jueves 5 de febrero nos dejó Max.
Max sufría un glioma difuso de línea media (DMG), un tumor cerebral infantil que hoy no tiene cura ni tratamiento.
Pero también supimos algo más: sí podíamos hacer que sirviera para ayudar a muchos otros niños con cáncer infantil. Max lo explicaba en cada entrevista.
Max fue luz. Fue verdad. Fue una fuerza inmensa en movimiento. Con su forma de estar en el mundo —valiente, limpia, auténtica— nos enseñó que incluso en medio del dolor más injusto puede nacer algo profundamente bueno.
De Max nació GOOD MAX. No como una campaña, sino como un compromiso. Un propósito.
Elegir lo bueno, cuidar, no rendirse, transformar la rabia y la tristeza en ayuda, en investigación, en esperanza para otros.
Hoy duele. Mucho.
Pero queda todo lo que sembró.
Cada conciencia despertada, cada apoyo a la investigación, cada niño que algún día tendrá más opciones gracias a esto, es parte de Max.
Gracias, Max, por tanto.
Por enseñarnos.
Por unirnos.
Por quedarte para siempre en nosotros.
Max, t’estimem!